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Escenas de la vida aristocrática

La casa era grande en relación a los criterios actuales, mas de fachada sencilla, con ventanas aseguradas por gruesas rejas de hierro.


Se construía en adobe y era de un solo piso. Su techo era regularmente de teja, al menos la de gente importante o más acomodada. Por lo mismo, en Santiago su número era bastante crecido. Se emplazaba en los solares, que se subdividían a medida que se incrementaba la población. Era de "tres patios".


En ella se realizaban las tertulias, amenas reuniones de la familia aristocrática con sus invitados, en las que las mujeres se encargaban de toda la vida doméstica, que era de relevancia, pero en un estilo más bien disimulado, sin gran figuración.


De hecho, en estas reuniones nunca tuvieron un papel protagónico excepto, a veces, las niñas de la casa, las cuales debían demostrar sus aptitudes artísticas sea tocando el arpa, o cantando y hasta bailando en medio de la conversación.


Si bien predominó un estilo sobrio entre ellas, corriendo el siglo hubo mayor refinamiento. Se difundió el uso de la seda y los paños de Castilla, por ejemplo. Asimismo el mobiliario de las residencias comenzó a perfeccionarse, iniciándose el uso de cortinas y de dos muebles característicos: el armario y la cajuela de patagua. Los adornos domésticos por lo común fueron de carácter religioso, tanto las pinturas como las imágenes.


Las comidas se caracterizaron por la abundancia, sobre todo de los guisos. En ellos se mezclaban los productos indígenas y los europeos. Especial preferencia se tenía por los preparados con maíz, el charquicán, las empanadas y las sopaipillas.


Se comían también pavos, perdices y toda clase de pescados y mariscos, además de legumbres, todo lo cual se acompañaba de ají picante y vino, chicha o mistela. Era corriente la elaboración de dulces y mermeladas, el tomar mate dos veces al día y beber chocolate.


También en las ciudades, especialmente en los paseos y la Plaza de Armas, las damas de la alta sociedad lucieron sus mejores vestimentas de manera corriente. Seguidoras de la moda limeña y española, usaban vestidos largos con cola, en la que se estilaban los bordados y cintas.


Los hombres de posición seguían la moda europea: peluca empolvada, casacas bordadas, chalecos floreados, calzón corto, medias y zapatos con hebillas.


Se hicieron cada vez más frecuentes las fiestas. Podían ser civiles o religiosas. Las civiles se realizaban con ocasión de la ascensión al trono de un monarca, el nacimiento de un príncipe o la llegada de un nuevo gobernador.


Se organizaban corridas de toros, desfiles y diversas competencias, tales como las carreras de caballos. Las fiestas religiosas revestían más solemnidad. Se efectuaban con motivo de la muerte de un rey, la Navidad, Semana Santa, Corpus Cristi y el día del patrono de la ciudad, además de otras de menor realce, según lo establecido en un nutrido calendario religioso.


Como manifestación de la vida cómoda y relajada que experimentó la aristocracia, surgió el desarrollo de artes musicales. Este fenómeno también se debió al desenvolvimiento cultural del país y a la influencia francesa.


Algunos gobernadores trajeron claves, clavicordios, violines, arpas y panderetas, dando paso así a las tertulias musicales que más tarde, hacia fines de la Colonia, incorporaron el piano.









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