Páginas

Suricata

Suricata, o suricato (Suricata suricatta), es el nombre de un pequeño mamífero, miembro de la familia de la mangosta (Herpestidae), que habita la región del desierto de Kalahari y el Namib en África.


¿Lo Sabías?

Los suricatos están inmunizados contra el veneno de escorpiones y serpientes.

En pocos segundos pueden remover un volumen de arena equivalente al peso de su cuerpo.

Agrupados en formación de ataque consiguen rechazar enemigos muchísimo más grandes.

Su cola les permite mantener el equilibrio y emitir señales.


Los suricatos viven en complejas comunidades donde cada uno cumple funciones bien definidas: sólo la cooperación garantiza su supervivencia en un medio tan hostil como el desierto del Kalahari.


La hembra de suricato rechaza cualquier aproximación del macho hasta que éste la agarra por el cuello y se da inicio al apareamiento.


Las crías, que suelen ser 4, nacen ciegas y sin pelo tras una gestación de 11 semanas.  Varios días después concluye la lactancia y la madre abandona la madriguera para ir de caza dejando su camada al cuidado de otras hembras.


A las tres semanas, los jóvenes salen de la guarida por vez primera estrechamente vigilados por su guardiana.  La madre les muestra entonces alimentos desconocidos y se los ofrece para que se acostumbren a consumirlos.



A los 2 meses, las crías tienen ya un aspecto adulto.

El suricato vive exclusivamente en las llanuras semiáridas del África meridional; su hábitat específico no son las áreas boscosas o de densa vegetación sino las tierras de maleza.


Por la noche se refugia en una madriguera subterránea cuya profundidad puede alcanzar los 10 pies y que excava con sus poderosas patas delanteras.  En ocasiones comparte esos túneles con animales como la ardilla de tierra o la mangosta amarilla.  Si la zona es rocosa, el suricato se aloja entre las grietas.




El suricato consume sobre todo insectos, arañas y caracoles, pero no desprecia a los lagarto, los roedores, las aves que anidan en tierra (ni sus huevos) o los bulbos y raíces de ciertas plantas.  En ocasiones se atreve con escorpiones, serpientes y otras presas.



Gracias a su agudo olfato, el suricato es un espléndido rastreador de comida: cuando localiza una presa, la atrapa con sus garras y la mata de un mordisco; luego la desgarra para trasladar los despojos hasta la madriguera y compartirlos con el resto de la colonia.



El suricato es la más social de las mangosta: viven en colonias muy organizadas que cuentan con unos 24 individuos, cada uno de los cuales cumple tareas bien definidas al servicio de toda la comunidad.



Cuando el grupo emerge de su madriguera, los centinelas montan guardia para prevenir la aparición de enemigos en el cielo o el horizonte; suelen hacerlo encaramados a una rama y en caso de peligro emiten ladridos de alarma.


Si han de hacer frente a un grupo rival de congéneres o a un depredador, excavan frenéticamente la tierra para levantar una nube de polvo que confunda y distraiga al agresor.  También tratan de asustarlo colocándose en formación de batalla y simulando ataques sucesivos con el pelo erizado.

Durante tales simulacros estiran las piernas, arquean el tronco y se agarran la cola erguida saltando y gruñendo de forma agresiva y constante.  Si tan estremecedor espectáculo no basta para disuadir al intruso, los ejemplares más audaces no dudarán en morderlo.



Obligado a defenderse, el suricato se tumba de espaldas y despliega dientes y garras para rechazar al atacante.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...