Páginas

Paraguas abiertos




Un paraguas, está claro, no es solamente un paraguas. Bien mirado, un paraguas puede ser, por ejemplo, un bastón.


Un paraguas no es un paraguas y basta, un paraguas es un arma. En efecto, se ha sabido de casos en que un paraguas debidamente modificado ha matado a alguien. Así, como se lee: “asesinado con un paraguas”.


Un paraguas no es, lo he dicho previamente, sólo ese instrumento para no mojarse en días y noches de lluvia. Un paraguas es, si se quiere, un adorno.


Si se cree en las supersticiones, en cambio, un paraguas abierto en lugares cerrados es augurio de mala suerte. Un paraguas, en otros condiciones, es un parasol.


El paraguas no es solamente el paraguas. Un paraguas es, verbigracia, ‘an umbrella’, ‘un parapluie’, ‘un ombrello’ y ‘una sombrilla’.




Un paraguas destartalado es basura. Un paraguas es instrumento de fotografía. Un paraguas es una nave voladora.


Un paraguas es herramienta para el que baila en coreografías de los años 30, sobre todo si se usan concomitantemente zapatos de cuero blancos y negros.


Pero no sólo eso, sino que hay paraguas pequeños, medianos y grandes. Hay paraguas amarillos. Los hay con puntos. Los hay baratos. Hay paraguas sin usar. Hay paraguas con mango de madera. Hay paraguas con mango curvo. Paraguas contra viento. Paraguas de diseñador. Paraguas a dos dólares. Paraguas olvidados. Paraguas viejos. Paraguas prestados y robados.


Hay, de otro lado, paraguas como ese que vi hoy, clavado entre el césped y la tierra de ese parque, como si fuese un intento imperfecto de árbol. Había que verlo para entender esa rara forma en que sus partes rotas se doblaban hacia afuera como ramas incipientes. Y esos agujeros cual si fuesen hechos por gusanos y hormigas en sus hojas que, puestas a examen, eran nada más las hilachas de alguna tela impermeable usada alguna vez para cubrir la cabeza de un tipo bonaerense.


Mauricio Maldonado Muñoz
































Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...