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Pamukkale, Castillo de algodón

Un paisaje casi extramundano, compuesto de cientos de terrazas de travertino que parecen ser como cascadas petrificadas, que parecieran estar congeladas de no ser por el clima temperado, es el que caracteriza Pamukkale, una colina que desciende hacia el valle del río Menderes, en la región Egea de Turquía.



Pamukkale significa “castillo de algodón” y es que la forma suave de los travertinos que la cubren, una roca formada por sedimentos depositados por el agua mineral, asemeja copos de algodón. De alguna manera me recordó a las salineras incas en Maras, Perú, sólo que en el caso turco el agua es rica en carbonato de calcio.



Las propiedades curativas de sus aguas minerales han sido usadas por milenios y muchas religiones les han atribuido cualidades milagrosas.




De allí que sobre estas terrazas se construyera Hierápolis, llamada la “ciudad santa”, que además de templos se convirtió en un gran balneario romano, cuyos restos, aunados a este singular paisaje, son hoy Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.



















Piscina de Cleopatra


Con este sugestivo nombre se conocen unos baños termales de aguas minerales curativas, pero que tienen la particularidad de tener restos de edificios clásicos en el agua, algo que lo convierte en los baños termales más singulares que haya visto.




Esta piscina, que se dice que fue un regalo a la reina egipcia, era parte de un hotel que se ubicaba aquí junto a muchos otros resorts. Luego de la declaratoria de la UNESCO, todos estos hoteles –que habían hecho mucho daño a las ruinas arqueológicas como al paisaje en sí- fueron demolidos.


















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