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Española


 Hutchinsky M.




Cierto día el Hada Azul, quiso a la tierra bajar y se mandó preparar su gran carroza de tul. 

Diciendo: “A cada mujer de las diversas naciones, les voy a dar tantos dones como pueda conceder”.

Bajó aquí sin dilación, tocó su cuerno amarante y acudieron al instante una de cada nación.

Llamó y dijo a la italiana: Tú tendrás ardientes ojos… y tendrás labios tan rojos que parecerán de grana.

Por tu cutis sonrosado, dijo a la inglesa, serás entre todas las demás un tesoro codiciado.

Por tus nacarados dientes le dijo a la austriaca luego, verás quemar en el fuego de amor a tus pretendientes.

A la mujer parisiena le dio una distinción, ingenio, corrección… y hasta corazón también.

Y así fue haciendo lo mismo pródiga con todas ellas, repartiendo entre las bellas; a una sentimentalismo, a otra ingenio, a otra blancura, a otra claro entendimiento, a esa otra un alma pura…

Así acabó sus dones, que entre todas repartió, cuando al terminar salió de entre todas las naciones una gallarda manola muy joven, casi chiquilla, que lucía una mantilla de rica blonda española, y que acercándose al Hada, ruborosa dijo así: Según veo para mí no me habéis dejado nada.

Quedóse el hada un momento suspensa de admiración y fijando su atención en ella, con acento dijo luego:

¿Tú qué quieres que yo te pueda otorgar?, ¿Tienes algo que envidiar a todas estas mujeres?

¿No tienes el pelo acaso abundante, negro, hermoso?, ¿No tienes el porte airoso?, ¿No hay en tu mirada clara, rayos de sol que fascina?, ¿No es tu sonrisa divina?, ¿No es bellísima tu cara?, Entonces, ¿qué quieres?, di si aún juntando a todas ellas, resultan menos bellas que tú., ¿Qué buscas aquí?

Sin embargo, dijo el Hada: yo no quiero que al marcharte tengas porqué lamentarte de que no te he dado nada.

Y mirando a la manola, dijo alzando más el tono: ¡A ver, que traigan un trono a la mujer española!

Y en este cuento me fundo si es que este cuento no engaña, para decir que en España está lo mejor del mundo.





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