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El Perseo de Cellini



Esta escultura en bronce la realizó el gran artista italiano Benvenuto Cellini entre los años 1545 y 1554, y sin duda alguna, es una de sus obras cumbres, en las que manifiesta como el arte renacentista ha ido evolucionando con el paso de los años y va camino de convertirse en un nuevo estilo: el Manierismo.


La obra muestra una brutal tensión y un desgarramiento pasional muy propio de ese estilo, lo cual se manifiesta de una forma muy clara en la exagerada musculatura del personaje.


De alguna forma, es un buen ejemplo de cómo la armonía de la escultura clasicista de las décadas anteriores, iniciada por artistas de la talla de Lorenzo Ghiberti, está desapareciendo. El artista para su representación huye de las formas de la belleza clásica basada en el equilibrio, la serenidad y la claridad de las formas.


Tanto como la musculatura se exagera el gesto de Perseo, al igual que en el rostro de la cabeza decapitada de la medusa. Y aún siendo rompedor, el arte de Cellini se basa en la tradición escultórica de Florencia, y más concretamente en uno de sus escultores más prestigiosos: Donatello.


De hecho, toma como modelo tanto el David como la Judith de Donatello. Y es que esta última está situada en la misma plaza donde se ubica el Perseo, en la piazza della Signoria de Florencia. Y mientras Judith está ante la fachada del Ayuntamiento de la ciudad, el Perseo de Cellini se coloca en la Loggia dei Lanzi, a escasos metros.


Hay una gran diferencia entre estas obras, y es que Cellini busca múltiples puntos de vista para su escultura. Tanto es así que se puede rodear, y se mire por donde se mire la obra es bellísima y siempre transmite la violencia del momento representado. Para lograr ese efecto, el artista realizó números modelos previos, conservados en el museo florentino del Bargello.


Según algunos historiadores del arte, Cellini concibe sus obras como una suma de pinturas, o sea de diversas vistas, de superficies y no de masas.


Esta obra fue un encargo de Cosimo I de Medicis, el cual cuando vio el último boceto hecho en cera antes de que se convirtiera en el definitivo bronce, dijo que tenía muchas dudas de que consiguiera transformarlo al material broncíneo sin que se rompiera o que aguantara en pie por sí mismo. Y eso sirvió para que Cellini se lo tomara como un reto personal, en el que empeño muchas obras de trabajo y salud.


Lo cierto es que Cellini fue, además de un gran escultor y orfebre, un personaje muy fanfarrón, pendenciero y vanidoso, razones por las que estuvo condenado más de una vez por diferentes delitos. Incluso el mismo Cosimo I de Medicis le tuvo que indultar de uno de eso delitos mientras realizó el Perseo, pero a cambio de ese indulto, jamás le pagó su obra.


Este fue uno más de los episodios conflictivos del artista, el cual sin embargo era toda un figura de su arte, y pese a su personalidad contó con el apoyo de poderosos personajes de la época, que le encargaron tanto esculturas como joyas que han pasado a la historia del arte como grandísimas realizaciones.


Tal es el caso de un salero o una copa de oro que realizó para Francisco I de Francia, quién lo atrajo a su corte con el mismo sueldo que otro artista italiano que emigró a Francia: Leonardo da Vinci.

El Perseo de Cellini | La guía de Historia del Arte 

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