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Las Tres Gracias de Rubens





Se trata de un lienzo pintado al óleo en 1639 y que forma parte de la colección del museo del Prado de Madrid.


Esta es una obra de las más representativas del maestro belga Petrus Paulus Rubens en la que las protagonistas absolutas son las tres mujeres que aparecen completamente desnudas, y que como siempre en las obras de Rubens se trata de mujeres más bien rellenitas, en realidad, opulentas con carnes rosadas. En realidad este colorido de la piel de las mujeres, además de denotar salud en las modelos es muy importante para crear el efecto cromático que domina la tela, el contraste entre el color de la carne y los tonos amarillos del suelo y el azul del cielo al fondo.


Rubens es uno de los máximos exponentes de la pintura barroca europea, sin embargo en muchas de sus obras se pueden encontrar similitudes e inspiraciones en obras anteriores del periodo renacentista, en este caso con Las Tres Gracias del pintor italiano Rafael, que a su vez se inspiró en una escultura de la época clásica romana.


El parentesco formal entre las obras de Rafael y Rubens sobre todo se manifiesta en el entrelazamiento, casi danza, de las tres mujeres, aunque en el caso de Rubens las posturas y las formas son más movidas, en definitiva, aparecen más barroquizadas.


Estas tres figuras representan a las servidoras de la diosa Venus, la diosa del amor, y por lo tanto se trata de personajes vinculados con la fiesta y la alegría, y para evocarlo Rubens las pinta sin ropa pero sí ataviadas con unos ligeros y sensuales velos, además de unos pendientes y unas diademas que adornan sus cabellos, y sobre todo sobre sus cabezas vuela una enorme guirnalda de rosas que es su símbolo en la iconografía clásica.


De hecho, Rubens pintó numerosas obras inspiradas en la mitología grecolatina, si bien su enorme producción de pintura se dividió entre esa temática, las obras que representan escenas religiosas y los retratos, especialmente todos aquellos que hizo para la reina francesa María de Medicis y que se conservan en el museo del Louvre de París.


Sin embargo, en todas sus obras de carácter mitológico, aun siendo muy importante el relato y los personajes que representa, igualmente cobra muchísimo protagonismo el escenario donde los ubica, casi siempre en paisajes naturales, que se llegan a transformar en otro elemento clave para comprender la obra. Como aquí, donde el paisaje no solo enmarca a las figuras femeninos, sino que nos proporciona información sobre las mismas.


La citada guirnalda de rosas es un ejemplo, pero también el angelote de la zona superior derecha que se transforma en una fuente de agua. Mientras que en la zona superior izquierda se ven las túnicas de las que se han desprendido las tres gracias para bañarse en las aguas de la fuente.


En definitiva, el paisaje en las obras de Rubens se convierte en elementos vivos, que aportan información, incluso proporcionan acción y movimiento, y además al autor le sirven para experimentar con los colores y crear variados juegos de luces.

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