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Una niña con el nombre de Navidad-Lina Cavalieri



Lina era casi una niña cuando un amigo de la familia descubrió su hermosa voz al recibir clases de canto con catorce años.


Así fue cómo con un escaso repertorio de tan solo tres canciones la joven comenzó a actuar cada noche por una lira en un pequeño teatro de Viterbo para ayudar a su familia a salir adelante, poco después frecuentaría espectáculos en el barrio romano del Trastevere con su voz deliciosa...


Lina no solo tenía talento, también resultaba tremendamente atractiva. Pronto cautivó al público más exquisito de Roma, Nápoles, París, Berlín y Londres alcanzando gran renombre en los círculos operísticos.


Famosa por su voz, también por su incuestionable glamour la consagraron al estrellato como una artista única durante la Belle Epoque. En pocos años se había convertido en una mujer extraordinariamente bella y ese modo de cantar tan embriagador… Su semblante rebosaba melancolía transmitiendo al público un aire soñador muy distinto al temperamento altivo y vital que mostraban en el escenario otras sopranos de la época.


Fue durante una estancia en San Petesburgo cuando conoció al principe ruso Bariatonsky con quien contrajo matrimonio. Él le prohibió volver a actuar al considerar el canto poco apropiado para una mujer de su elevado estatus lo que contrarió a la diva y la sumió en una enorme pena y frustración que la llevarían a revelarse contra de los deseos de su esposo aceptando una fantástica oferta y pidiéndole el divorcio.



Ella retomó su carrera operística llegando incluso a acturar en la Metropolitan Opera de Nueva York donde canto al lado de Enrico Caruso. También protagonizo varias películas mudas, algo chocante tratándose de una prima donna. Por aquel entonces se le veía en los ambientes más selectos de la alta sociedad.


Ninguno de sus futuros maridos -ni el neoyorquino Robert Winthrop Chanler ni el tenor francés Lucien Muratore- conseguirían frenar la espiral de intenso trabajo como cantante y actriz en la que la Cavalieri se vería inmersa.



Su actividad frenética no disminuyó hasta que a los albores de la Gran Guerra aquella maravillosa voz que años ha la condujera al estrellato, daba las primeras muestras de agotamiento… se apagaba, perdiendo parte de su riqueza.



Obligada a reducir sus apariciones en público, Lina Cavalieri no volvería a ser la misma. Pero era una mujer de recursos y lejos de amilanarse y renunciar a una vida de éxito la incombustible diva optó por abrir un salón de belleza en Paris.



También publicó un libro titulado “Mis Secretos de Belleza” en 1914, en el que revelaba a las mujeres de su época sus trucos más íntimos:

Solía añadir una mezcla de sal, glicerina, extracto de violeta y vinagre a su baño y dormía reposando la cabeza sobre una almohada muy fina para evitar así el dolor de espalda.



Una vida intensa llena de avatares no harían sino consagrarla definitivamente como icono de su tiempo. Lina Cavalieri: Diva, bella... mujer ante todo.

Víctima de la fatalidad, Lina Cavalieri fallecía el 7 de febrero de 1944 cuando su casa a las afueras de Florencia fue bombardeada. Sin duda, todo un dramático final para la vida de una gran artista.





Tal fue la fascinación intemporal que causaba la cantante que aún su rostro fue reproducido obsesivamente por el gran maestro del diseño italiano Piero Fornasetti, estando exilado en Suiza en torno al año 1946, cayó en sus manos por azar una antigua publicación donde aparecían fotografías impresas de La Cavalieri… A partir de entonces creo más de 500 variaciones sobre el retrato de la diva, convirtiéndose en el leitmotiv de su obra.




En 1955 su vida fue llevada al cine en una mediocre película protagonizada por Gina Lollobrigida, con el original título de “La Donna piú bella di mondo” Da Trastevere alla corte dello zar. Vita, amori e avventure di Lina Cavalieri.
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