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El mar, La mar.



El mar. La mar.


El mar. ¡Sólo la mar! ¿Por qué me trajiste, padre,  a la ciudad?, ¿Por qué me desenterraste  del mar? En sueños la marejada  me tira del corazón;  se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste acá? Gimiendo por ver el mar, un marinerito en tierra iza al aire este lamento:

¡Ay mi blusa marinera;  siempre me la inflaba el viento al divisar la escollera!

(Rafael Alberti)




Te me acercas contándome al oído milagros de miles de leyendas que quedaron entre tus aguas. Me salpicas con espumas inundadas de misterios de otros tiempos y distancias, con lamentos de promesas que perdieron sus palabras en tus bajamares intensos... Y yo me acerco y te salpico sabiéndome tan pequeña, tan desconsoladamente chica, tan solo entre mis gentes cotidianas, que me apabullan tus mareas, tus olas y tus resacas. A veces me respondes... Pero de continuo callas y resbalas en las arenas de mi playa que esperan impacientes tus respuestas


















































































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