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Valle del Rift, las Tribus del Río Omo, África


El río Omo nace a pocos kilómetros al este de Addis Abeba, capital de Etiopía, y tras recorrer 760 kilómetros por el llamado Gran Valle del Rift (formación geológica de casi 5.000 kilómetros de longitud que fractura África de norte a sur, desde las tierras de Yibuti hasta Mozambique), vierte sus aguas en el lago Turkana, al norte de Kenia.


Este río atraviesa una de las zonas más inhóspitas de África, donde el sol se convierte en una bola de fuego incandescente y las moscas consiguen picarte a través de unos recios pantalones vaqueros, y donde tan solo unas tribus han conseguido adaptarse a este medio tan duro, creando el rincón con la mayor diversidad tribal de toda África. Estamos en el bajo valle del Omo.


El río Omo fue durante siglos un lugar de encrucijada de tribus emigradas de todos los rincones de África, pero no comenzó a ser explorado hasta finales del siglo XIX por italianos, franceses y los mismos etíopes, siendo Vittorio Bottego en 1895 el primer occidental en explorar su curso.


Pero el paso de los siglos fue aislando este rincón del mundo abrasado por el sol y tan solo unas pocas etnias hicieron de este horno su hogar, conviviendo en una relativa armonía. Y digo relativa porque no son infrecuentes las escaramuzas intertribales causadas por el robo de ganado. Aquí los pastores tienen otras herramientas de trabajo para proteger a su ganado de ladrones y cuatreros. Y es que cuando en una intersección preguntas a un pastor sobre el camino a seguir, sale de la sombra de la acacia kalashnikov al hombro y tras pedirte algo de agua, te indica el camino a seguir.


En el valle del Omo habitan hasta 15 tribus diferentes. Algunas con una población que supera las 70.000 personas y otras en cambio no superan el millar. Todas tienen su dialecto propio, y aunque al principio cuesta diferenciarlas unas de otras, todas tienen sus símbolos distintivos: el peinado, las escarificaciones (pequeños cortes en la piel que se infectan para producir dibujos o adornos), la tintura de la piel con una base de arcilla, las plumas, las pinturas en cara y cuerpo…



Todas son ganaderas, pero desde pequeños están iniciados en el arte de la guerra. Y es que la paz entre estas tribus se sustenta con pinzas, y solo falta un percance entre clanes, una sequía y un robo de ganado para que salte la chispa. Afortunadamente los ancianos tratan de apaciguar estas disputas, estableciendo áreas de pastoreo exclusivas para cada tribu.



Para ayudaros a entender mejor la diversidad étnica de esta zona, os voy a citar algunas de las tribus que habitan esta zona:

Mursis: Una de las más pintorescas. Caracterizadas porque sus mujeres se extirpan los incisivos inferiores y se rajan el labio inferior para colocarse un plato de arcilla cada vez más grande con el paso de los años. Escarificaciones y perforaciones en las orejas son comunes en ambos sexos, así como pintar sus cuerpos. Son junto a los Surma los más guerreros y belicosos. De hecho son los más altos y corpulentos de la zona del Omo. Habitan al suroeste de Jinka


Surma: Hermanos de los Mursis, y con el mismo origen, pero enemigos acérrimos de estos. De naturaleza igualmente belicosa, son conocidos por el ritual del donga, una lucha con palos que puede llegar a medir más de dos metros de longitud, donde dos adversarios desnudos se enfrentan en un duelo terrible que acaba cuando uno de ellos hinca la rodilla en el suelo. Esta pelea se utiliza para afirmar su virilidad, dirimir al más bravo guerrero o en disputa por la misma mujer. También usan los platos de arcilla y las escarificaciones. Los surma habitan en la orilla occidental del río Omo.



Hamer: Son una de las más coloridas. Las mujeres llevan un peinado con forma de casco en pequeñas trenzas, pesados collares, brazaletes y suelen untarse el cuerpo con arcilla adquiriendo una bella tonalidad rojiza. Son agricultores, pastores y recolectores de miel y hermanados con sus vecinos los Banna. Su ritual principal es el denominado salto del toro, donde un joven debe saltar totalmente desnudo 15 toros alineados como símbolo de transición a la edad adulta.


Previamente, las mujeres en edad casadera se enfrentan a los amigos del joven insultándolos y humillándolos, y estos les responden dándoles latigazos con ramas flexibles. Cuantos más latigazos soporta, más fuerte es y mejor esposa será. Las escarificaciones forman complejos dibujos en torno al cuerpo que se mezclan con las terribles cicatrices ocasionadas por los latigazos. Habitan en la zona del río Weito.

Karo: Si fueran una especie animal o vegetal, estarían en peligro de extinción, ya que apenas quedan 1500 individuos de esta tribu.



Habitan en la orilla oriental del río Omo rodeados por otras tribus como son los Hamer al suroeste, los Bana al este, los Mursis al norte y los Nyangatom al otro lado del río. Se caracterizan por colocar un clavo bajo su labio inferior y por las pinturas en su cuerpo y rostro imitando el plumaje moteado de las gallinas de guinea.  Son principalmente agricultores de sorgo y maíz.


Podríamos hablar de otras tantas, como los Konso, los Ari, los Dorze… cada una con sus costumbres y rituales propios, pero sería extendernos demasiado…


 Lo mejor es embarcarte en un viaje a Etiopía, y descubrir tu mismo la riqueza étnica de las tierras bajas del río Omo. Un viaje a un rincón  de África donde el tiempo se ha detenido hace muchos siglos y las tribus mantienen intactas sus costumbres ancestrales.

















































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